El municipalismo militante forma parte de la identidad política socialista. En los Ayuntamientos empezó a materializarse nuestro proyecto y creo sinceramente que el municipalismo ha contribuido decisivamente al proceso modernizador del país.
Durante muchas décadas el modelo de “municipalismo socialista” ha sido perfectamente reconocible, generando confianza entre la mayoría de ciudadanos que se identificaban con nuestros valores y con nuestros objetivos. Esas señas de identidad son: cohesión social; servicios públicos e infraestructuras de calidad, como elemento esencial para lograr la igualdad y la integración social; políticas sectoriales dirigidas a quienes más necesitan del apoyo público y un urbanismo integrador y avanzado que incluye el fomento de las VPO.
Y esas señas, esas prioridades seguirán formando parte de nuestro proyecto, pero debemos ser conscientes de dos cosas; que algunos de estos objetivos se han diluido en el río más amplio del municipalismo a secas (al margen de ideologías) y también que ya no basta con lograr esos objetivos pues ha cambiado drásticamente el entorno social, lo que nos obliga a comprender que todas nuestras políticas deben adaptarse a una nueva realidad social.
De entre los numerosos elementos que definen la nueva situación quiero citar los más significativos. El primero es que los ciudadanos quieren participar en la toma de decisiones de manera diferente a como lo han hecho en el pasado. Quieren una democracia más extensa y más profunda. Lo están demostrando tanto en las calles como en las urnas y no hay una institución más adecuada que un Ayuntamiento para lograr ese objetivo. En el fondo sería revitalizar su clásica trayectoria como el ágora democrática por excelencia. En los ayuntamientos debemos ensayar y construir ese modelo perfeccionado de democracia que demandan los ciudadanos. Para lograrlo hay saber que no basta con revitalizar nuestras conexiones históricas con los tradicionales agentes sociales (sindicatos, patronal, AAVV, Apas..) sino que, además, tenemos que tener en cuenta unos nuevos sujetos colectivos tales como los profesionales, los autónomos, las clases medias, los emprendedores, las comunidades asociativas, los grupos de jóvenes autoorganizados entorno a las redes sociales, las plataformas tecnológicas o los innovadores sociales.
Debe cambiar también nuestra forma de relacionarnos con todos estos sujetos colectivos. No se trata como hasta ahora de canalizar sus aspiraciones sociales y políticas. Se trata de integrarnos en cada uno de esos colectivos. Y hacerlo además con una actitud no paternalista, sino de aprendizaje mutuo. Debemos cambiar también nuestra organización a la hora de organizar los métodos de discusión, de seleccionar nuestros candidatos y a la hora de incrementar los niveles de transparencia democrática.
Es nuestro deber revisar y ampliar el alcance de todos nuestros valores tradicionales. Así, por ejemplo, la igualdad de oportunidades, necesita incorporar el derecho a recibir de manera permanente una formación adecuada para estar a la altura de las exigencias que impone la globalización y el cambio tecnológico. Tenemos que saber que los Ayuntamientos, somos el espacio físico idóneo para formar y para dar oportunidades al ciudadano que exige el siglo XXI.
Finalmente debemos comprender que las ciudades se han convertido en la pieza maestra de los nuevos ecosistemas de la innovación y del conocimiento, que son los únicos capaces, en el futuro inmediato, de generar empleo de calidad, de recuperar o, al menos, obtener un razonable nivel de prosperidad y de hacer sostenible el Estado de Bienestar. Adaptarnos a esa realidad requiere de cambios sustanciales en la “governanza” de las ciudades, cada vez más complejas y menos previsibles.
La política municipal (además del cometido tradicional de administrar los servicios básicos sociales) debe convertirse en un verdadero mecanismo de transformación social y eso sólo puede hacerse si somos capaces de dar el protagonismo a los emprendedores, a los innovadores, a los creadores.
La política municipal debe convertir la sostenibilidad medioambiental en su prioridad absoluta, debe hacer de la participación el instrumento esencial para la creación de liderazgos colectivos.
En todas partes, los socialistas venimos hablando de la necesidad de redefinir la izquierda, de reinvertar la social democracia o de refundar el PSOE. La cuestión es cómo hacerlo. Los municipalistas del PSOE podemos contribuir a ese proceso si somos capaces de incorporar esos elementos de modernidad.
Creo, con sinceridad, que el municipalismo que sepamos hacer hoy será el socialismo de mañana.
En ese contexto estoy convencido que Carmen Chacón es la persona que puede llevar adelante este proyecto, porque ella misma es una municipalista convencida y porque las reformas que hay que emprender deben estar lideradas por una generación nueva y con ambición de futuro.